Te conocí en una infancia feliz.
En la época que todo era alegría y júbilo.
A tú lado pasé momentos inolvidables.
Así nos prometimos eterna amistad.
Pero todo acabó. Se evaporó.
Y después de que me lastimaste y me traicionaste, tienes el descaro de venir a hablarme como si nada hubiera pasado.
¿Sabes una cosa? ¡Estoy harta!
Harta de tí, de tus mentiras e hipocresías; harta de verte de resbaloza con ese bastardo punk, que sólo cambio tú forma de pensar sobre la vida y sobre mí.
Harta de ver tu arrogante jeta que denota superficialidad.
Por eso te digo ¡Vete desgraciada escoria! ¡Vete de mí vida, de mi recuerdo!
¡Dejame en paz y ve a fastidiar a la pérfida que te parió!
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Opino que expresas bien tu odio, pero se me hace un poema que deja con un mal sabor de boca por tanto odio acuñado en estas palabras.
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